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23 de agosto de 2015

LA JERARQUÍA

Todas las personas tenemos un instinto básico de organización para mantenernos dentro de una sociedad fuerte y segura. Por eso nos arrimamos a los que son más fuertes que nosotros para que nos apoyen en nuestro diario vivir, a los que son más listos, más decididos, más... y.así. nosotros mismos organizamos y reconocemos una jerarquía de personas cuya función es salvaguardar a la sociedad de los problemas que le vengan diariamente y colaborar para que sea una sociedad fuerte y segura para todos y cada uno de sus miembros. Por ello exigimos que los que ocupan los primeros puestos y todos los demás a los que se les ha encomendado una función dentro de esa jerarquía, antepongan el interés común al suyo particular.  Es lógico y, teóricamente correcto. Una sociedad así, con esos dirigentes está abocada , en la práctica,  al éxito común, al bienestar, prosperidad y al todo el bien deseable de sus miembros. Sorpresa, nuestras sociedades, en la práctica,  no tienen esos resultados.
Nuestros dirigentes, quizás comiencen con buenas intenciones, pero rápidamente se olvidan de que están al servicio de los demás, consideran su situación social como una situación de dominio de su criterio sobre los demás miembros de la sociedad, consideran el resultado de la sociedad como mérito propio, el cual tiene que tener, evidentemente, un precio a su favor. Como están en puestos destacados, se consideran mentes privilegiadas que no tienen por qué dar demasiadas explicaciones y, cuando se ven obligadas a darlas, lo que menos importa es que sean verdaderas, tienen que ser a su conveniencia. Se agarran al puesto como si fuese algo permanente, intentando, por todos los medios, que no haya cambio, aunque su labor sea nefasta para la sociedad. Esta es la realidad de nuestra jerarquía, de nuestros dirigentes. Y así nos va. Mientras que unos, por interés propio dicen que estamos llevando un procedimiento correcto, otros, también por interés propio dicen que el procedimiento puesto en practica no es el correcto y que nos lleva a situaciones peores. Eso sí, se van viendo particulares con una prosperidad repentina y desmedida que, en principio,  nadie sabe explicar su procedencia. Se priman los valores materiales y se desprecian e intentan eliminar los valores morales, ya que los que están al frente de la sociedad o les molesta o carecen de ellos....
Esta situación práctica es la que provoca el desaliento y la falta de esperanza de que las situaciones cambien hacia mejor, como debe ser.
¿Acaso no es posible que nuestros dirigentes reflexionen y vayan cambiando su actitud hacia esa actitud lógica y teóricamente correcta, que hemos expuesto al principio?
Qué maravilla una sociedad donde el número uno de la sociedad está pensando en cómo organizar para que todos y cada uno de los problemas que puedan surgir tengan una solución correcta; donde , con partidos o sin partidos, todos y cada uno de los dirigentes tengan la mira puesta en el buen funcionamiento de la sociedad, sin mirar en los intereses de partido o particulares....
No es posible que ésto no sea posible. Personas capaces y correctas hay. ¿Tan difícil va a ser saber quienes son y donde están? y, aunque sea costoso, los que están actualmente en esta jerarquía, ¿no pueden ponerse a trabajar todos con unos criterios hacia el bien común de las personas, dejando de lado los intereses particulares?. No es posible ir siempre a peor. Tiene que llegar el momento en que , con la colaboración de todos, llevemos a nuestra sociedad a un bienestar más duradero y permanente.