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5 de octubre de 2015

DESDE EL OTRO LADO

Recuerdo que, cuando era un crío, mis padres le dijeron a un maestro para que me diese clases particulares. El maestro contestó que no podía porque no tenía libros apropiados para mi edad.
Yo, sin saber el problema, le contesté que me enseñase libros de los mayores, que a mí me daba
igual unos libros u otros. Por supuesto, no me dio clases.
Cuando somos pequeños, nos hace una gran ilusión el decir: Ya sé leer, ya sé escribir, ya sé sumar, restar.... y pensamos que ya sabemos todo y que no hay más por aprender. Según vamos avanzando en los estudios, nos damos cuenta que cada vez hay nuevos campos por aprender y que nuestro conocimiento es microscópico. Estamos limitados por nuestros sentidos y nuestro cerebro está metido dentro del cráneo, de forma que la única comunicación con el exterior es a través de nuestros sentidos. Lo que nuestro cerebro recibe a través de nuestros sentidos, es lo que almacena y elabora para conseguir conocimientos. Está, por tanto, muy limitado a la hora de conseguir materia prima para trabajar sobre ella. Nuestra parte espiritual está recibiendo a través de nuestra parte material, la cual percibe de la materia. Nuestra realidad así recibida está en lo que percibimos a través de los sentidos. Lo demás, como no lo percibimos, nos parece pura fantasía.
Nuestra persona es materia y espíritu. Ambas partes son tan reales como la misma persona. Sin embargo, la parte espiritual está condicionada ahora por la material, que,  dentro de un tiempo, dejará libre a la parte espiritual....
Supongamos que ha llegado ese momento. Nuestro espíritu no necesita
de la carne para recibir percepciones y elaborar conocimientos. Los recibe directamente.
Nuestro espíritu, como persona,se percibe  a sí mismo y puede percibir a todo el mundo espiritual. Percibe y está, conservando, por supuesto, su independencia, con todas las demás personas que han existido en esta vida y que ahora siguen existiendo por siempre. Nosotros conocemos a Dios, como Ser Espiritual y Hacedor de todo. Conocemos a todos los seres que en ese momento sigan viviendo en esta vida material. Como seres personales, nos relacionamos directamente con todos los demás seres y seguimos existiendo con ellos. La capacidad de nuestros conocimientos tiene contacto directo con el mismo Dios, nuestro Creador y Maestro. Somos criaturas de Dios, somos Hijos de Dios y nuestra finalidad está en participar de Dios, nuestro Padre por siempre.
Desde el otro lado , esta vida parece distinta. Somos párvulos que comienzan a vivir, somos niños, aunque tengamos muchos años, que buscan una satisfacción a sus aspiraciones, somos personas en busca de la felicidad, cuyo fin es la Felicidad. Somos criaturas de Dios, Hijos de Dios, nacidos para participar de nuestro Padre toda la eternidad. Por eso, nuestra vida material es importante en cuanto que nos prepara para esa comunión con Dios, nuestro Padre ahora y siempre.