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3 de mayo de 2015

SOLO UN DESEO

Esta es una tarde un tanto gris en la que te sientes agobiado, sin saber por qué.
Al escribir el título de este comentario, iba a continuarlo con ":LA FELICIDAD". Sin embargo,
no he querido hacerlo así. Voy a pensar un poco en voz alta y a ver qué pasa.
En el evangelio de hoy nos han hablado de la vid y los sarmientos. Me ha parecido un buen tema de comentario. Al salir de misa, un señor que estaba en el banco de delante me ha pedido si lo podía acercar a su casa en el coche. Durante el camino ha exclamado por decir algo: "¡Cómo pasan los años y a qué llegamos, verdad?".  Yo, por continuar hablando, le he contestado:"Peor no llegar". Y nos hemos quedado tan satisfechos de la conversación. Esta anécdota no va a ningún sitio ni creo que sea de interés para nadie. La he escrito como un pequeño ejercicio mental de relajamiento y ver de centrarme en algo más interesante.
El tema de la vid y los sarmientos es un tema muy interesante; pero, hoy no me siento con ganas de comentarlo. Estoy realmente raro y estoy haciendo méritos para que, si publico este comentario, me envíe Ud., que lo está leyendo, a la porra. Le pido perdón.
Un sólo deseo.... Cien mil.
Cien mil son los deseos que cada día tenemos y otras tantas las insatisfacciones con que nos encontramos. Es mucho mayor la satisfacción que pensamos conseguir con un deseo todavía no realizado, que la que alcanzamos una vez cumplido el deseo. Lo alcanzado se nos hace poco y deseamos más y más y mucho más, como el cantar. Pero siempre lo alcanzado nos deja insatisfechos, desilusionados....Es un instinto básico que tenemos. El problema es cómo satisfacerlo.
Si el deseo a algo es un instinto innato en nosotros, es por algo. Si ese algo es inalcanzable, sería un instinto innato en nosotros absurdo y sin solución y, por tanto, podríamos tener otros muchos instintos sin solución, lo cual nos conduciría a una existencia absurda, ya que lo que deseamos no podemos alcanzarlo.
Nosotros deseamos lo que conocemos para poseerlo. Lo que no conocemos, no lo deseamos porque ni sabemos de su existencia. Luego tiene que haber algo que conozcamos y que colme nuestros deseos. La conclusión parece evidente: Dios.  El sería el culmen y la plenitud de nuestros deseos.
Pero, cómo conocemos a Dios para desearlo?. Tiene que ser algo sin complicación en nosotros, algo evidente....El conocimiento de Dios está innato en nosotros, como nuestros deseos. Nuestra alma, uno de los componentes de nuestra persona, proviene directamente de Dios. Luego, nuestra alma conoce a Dios y tiende hacia Dios instintivamente, buscándolo en todas las cosas ya que está condicionada y limitada en la formación del conocimiento por el cuerpo. Por tanto, al desear algo, lo que deseamos realmente es al mismo Dios. Ahora, por nuestras circunstancias, lo estamos deseando indirectamente.
Cuando cambien esas circunstancias y nuestra alma actúe sin la limitación del cuerpo, nuestro deseo será cumplido totalmente, ya que nuestro conocimiento de Dios será directo.