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17 de mayo de 2015

RAZONANDO ENTRE DOS REALIDADES

He leído hoy un correo de un compañero de colegio donde decía que le alegraba encontrar antiguos amigo (que no viejos) y me ha gustado la frase.Cuando hablamos de la edad de algo o de alguien es todo muy relativo: hablamos de la edad del sol, de la evolución de una especie cualquiera existente ó extinguida, de la edad de una persona, de la edad de un insecto.... Es tal la diferencia a que nos referimos de unos a otros que nos parece absurdo compararlas y lo consideramos todo como relativo
según de qué hablemos: Especies que duran de vida apenas unas horas y es toda su existencia, personas de... y es toda su existencia (¿?) , civilizaciones de.... Todo relativo con lo que lo comparemos.
Tomemos lo que a nosotros más nos interesa: la persona, nosotros mismos. Nos encontramos con una gama de números tan variada que nos hace individualizar, sin poder nunca generalizar: fulano tiene tantos años, zutano, tantos; unos han muerto antes de nacer, otros han vivido ciento y algún años. Y esta norma se repite desde el principio de la raza humana, sin poder predecir ni garantizar cuánto tiempo va a cumplir una persona. Lo que sí podemos decir es que unas personas han muerto antes de nacer, otras a los ciento y pico de años.  ¿Es mucho, es poco...? Ningún momento de la vida nos garantiza que seguiremos un segundo más. Es una incógnita impredecible la vida de cada uno de nosotros.
Siendo una verdad irrefutable el que no podemos saber si el amanecer de mañana lo vamos a ver, nos hace de inmediato pensar en el sentido de nuestra existencia. Tan sólo contamos con el "ahora". Ese ahora, en sí, no tiene más valor que el pasado. Son las dos realidades con las que podemos razonar, pues el futuro es algo que no sabemos si llegará para nosotros. Esta es la realidad en la que vivimos y esta es la seguridad que tenemos del mañana.
Este es una reflexión pesimista de nuestra existencia en esta vida, aunque real. Sin embargo, al razonar así,  estamos teniendo en cuenta solamente una parte de nuestra persona: la parte física.
Existe tambien la parte espiritual, que siendo tan real como la física, tiene sin embargo la particularidad de que su existencia no es relativa, sino absoluta. Tiene un principio absoluto ya que es de esencia divina, a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, con un "ahora" absoluto. Esta es la parte más importante en nosotros. Es nuestra parte absoluta nuestra, que por voluntad divina esta unida a esta otra parte relativa de la que hemos hablado.
¿No nos hace pensar ésto en muchas cosas?  En lo poco que dura el dolor, el placer, los disgustos, las posesiones de riquezas, la salud, la enfermedad.... Todo ello muy relativo y sin embargo, con una enorme influencia en nuestro valor absoluto, en nuestra alma.
Que Dios nos de discernimiento para utilizar correctamente estas relatividades en beneficio de nuestra realidad absoluta.