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21 de abril de 2013

POR QUÉ CREO


Es esta una pregunta fundamental: ¿ por qué creo? ¿En qué me fundamento para creer?
Es obvio que el universo no es un ente necesario. Sin embargo, sigue un orden
natural admirable. Tanto  lo macro como  lo micro siguen unas leyes naturales en el desarrollo y
 evolución del universo. Son formas de comportamiento que mantienen un orden perfecto. Estas leyes naturales no han podido surgir espontáneamente de la materia, ni han podido ser fruto de una evolución casual del caos. Tiene que existir un Ser necesario en sí, que es la causa de ese orden natural universal y que lo sigue manteniendo en todo momento. Creo en ese Ser.

Además, si observamos nuestra existencia, somos efecto de una Causa , en principio, desconocida
para nosotros; pero, necesaria en sí misma. Tenemos innato en nuestro ser una pauta natural de comportamiento por la que sabemos si actuamos bien ó mal. Esta pauta de comportamiento o ley moral, está en un orden distinto de la ley del orden  natural universal de evolución.
Esa ley moral no nace por evolución. Es algo que supera la evolución. Luego proviene de ese Ser Necesario que nos mantiene.
 Para creer en Dios ó en ese Ser Necesario hay infinidad de razonamientos que nos presenta la teología.
Pero, por qué creo en Jesucristo ? Hay una contestación evidente: porque Jesucristo demostró a través de sus obras que era quien decía ser. Cuando se le acercaron algunos discípulos de Juan y le preguntaron que
si él era el que había de venir, les dijo: Id a Juan y decirle lo que habéis visto. Su doctrina queda confirmada
con sus obras. Cuando los judíos se escandalizaron de que perdonase los pecados, Jesús les contestó:
Para que veáis que tengo poder para perdonar los pecados, levántate y anda. La divinidad de Jesús está
demostrada a través de toda su vida pública por sus dichos y por sus hechos.
Todos estos razonamientos y otros muchos  son los que aparecen en los libros y que son ciertos. Pero, por qué creo además de por estas razones expuestas?  Todos los hombres buscamos la felicidad en nuestra vida. El placer, el dinero, la buena vida... nos hacen felices un momento, pero, seguidamente nos dejan insatisfechos. Nos damos cuenta de que al día siguiente sólo nos queda el recuerdo del día anterior. Si lo hemos pasado bien ó mal, casi nos da lo mismo; pues, en ese momento nos importa más cómo lo estamos pasando ahora. Sentimos un vacío de un tiempo que se nos ha ido y no vuelve. Sin embargo, cuando hacemos algo por los demás, cuando nuestro comportamiento es correcto, nuestro sentimiento de satisfacción es mucho más permanente. Si nos negamos a nosotros mismos por los demás, si nos superamos un poco cada día, notamos una sensación interior de bienestar que aumenta y nos hace cada vez más felices.
Esa sensación de insatisfacción cuando nuestros actos están basados en el dinero, en el placer material..., en contraposición con la satisfacción de un deber cumplido, de un buen acto por los demás, de una superación en nuestras actuaciones...es una orientación hacia Dios. Vemos que, mencionando a San Agustín, nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Dios.
Nuestro deseo irresistible de felicidad es un argumento que nos lleva a la existencia de Dios.  La felicidad que proporcionan las cosas materiales en sí, es totalmente incomparable con la que proporciona cuando sabemos usar esas cosas materiales y elevarlas a un nivel espiritual. Nuestra felicidad es mayor cuanto mayor es nuestra perfección y Dios es la Perfección, la Felicidad de la que cada uno de nosotros participamos.

¿Por qué creo?  Porque lo necesito. Porque necesito creer en algo que sostenga mi existencia. Porque necesito saber que mi vida y las de todos los demás, que he conocido, no sean como humo que se disipa y desaparece. Necesito saber que nuestra vida tiene un sentido, tiene una finalidad, tiene una permanencia y no es una pura ilusión.  Jesucristo  vivió, murió y resucitó. Jesucristo es quien nos da fundamento para la esperanza, para la fe.
Decía Jesús: no acumules tesoros que lo ladrones y la polilla te los pueden robar, acumulad más bien tesoros que ni los ladrones ni la polilla te los pueden quitar. Luego, nuestros actos tienen un valor transcendental que permanece y, por tanto, nuestra vida también permanece.
 Necesito creer que, si Jesucristo permanece, nosotros permanecemos con El.

¿Por qué creo? Porque Dios, en su eterna misericordia, me ha permitido que crea, aunque a veces
no comprenda ni entienda lo que El dice, pero sé que lo que proviene de Dios es cierto con una total
certeza divina, que supera nuestro entender y nuestro razonar.
 Danos , Señor,  fe en Ti y pon todo lo demás para que te sigamos fieles durante esta vida y permanezcamos contigo en el cielo.