Según la parábola, el Señor entregó a uno diez talentos para que trabajase con ellos, a otro, cinco y a otro, uno.... Ya conocemos la parábola.
Cuando nosotros nacemos, Dios nos da una serie de circunstancias ó talentos para que vivamos y negociemos con ellos: tenemos unos padres, un determinado lugar en el mundo, un cuerpo determinado (más o menos perfecto), un espíritu más o menos tímido, más o menos inteligente, decidido, más o menos fuerte de voluntad..... Todos diferentes. Pero todos con la obligación de esforzarnos por hacer productivo lo que hemos recibido y, además, con un tiempo ya definido y determinado para cada uno dar cuenta de su comportamiento .
No queramos engañarnos. Esta es nuestra realidad: Tenemos que vivir el tiempo que Dios nos haya asignado de vida; pero, tenemos que darle cuenta de qué hemos hecho con lo que nos ha dado. El primero y el segundo de la parábola produjeron el cien por ciento de lo que recibieron. Estupendo, supieron esforzarse y hacer producir sus talentos. El tercero, tuvo miedo y no se esforzó, se dedicó a conservar lo que había recibido. No es suficiente....
En la sentencia de este tercero, Dios nos hace saber que no exige a todos un máximo de esfuerzo. Sí exige esfuerzo personal para desarrollar las facultades recibidas y conseguir lo que hubiéramos podido. Cuan distinta hubiera sido la sentencia del Señor si este tercero le dice: Señor, he estado trabajando con lo que me diste, pero no he tenido tacto para hacerlo y , a pesar de mi empeño en trabajar, he perdido la mitad de lo que me diste. Aquí lo tienes, Señor.
O si le dice: Solamente he ganado unos céntimos...
Lo que cada cual ha recibido, no es nuestro, lo hemos recibido para
hacerle producir y así rendir cuentas cuando sea. Todo lo que tenemos es prestado, no es propiedad. Un propietario no tiene que dar cuenta de su propiedad a otro. Un prestatario, sí. Tiene que devolver el préstamo y los intereses.
Además, el Señor nos dice: Quien guarda su vida para sí, la perderá;
pero, el que pierde su vida por los demás, ese la ganará.
Que Dios nos ilumine para que nos esforcemos en ejercitar nuestras posibilidades y utilizarlas para ayudar a los que podemos . De esa forma ya sabemos cual será la sentencia para cada uno de nosotros, pues Dios es justo pero también es padre y, el mejor.
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