El comienzo de nuestra existencia como personas está condicionado a intervención humana e intervención divina en una dimensión temporal. Esta dimensión temporal consta de un ahora inmaterial que desaparece en el mismo instante que es para pasar a fue y dar paso al siguiente es. Algunos definen el tiempo como el cambio de las cosas ( si no hay cambio y todo es inmutable, no hay tiempo). El caso es que nosotros tan sólo podemos actuar en ese instante del ahora. El pasado queda para el recuerdo y el futuro podemos prever en cierto sentido, pero no exactamente.
Lo importante es que todos los humanos tenemos la misma manera de comenzar nuestra existencia; y no está de nuestra mano ni elegir ni cambiar. Ahí estamos. Somos personas con una misma forma de comienzo y que evolucionan en el tiempo sin poder pararlo ni controlarlo y desconociendo su periodo de duración.
No intervenimos ni para elegir ni el dónde, ni el cuando, ni el cómo, ni hasta cuando....Somos personas, por tanto, individuales y diferentes . Cada uno con su yo particular y sus circunstancias. Unos tienen diez talentos para negociar, otros, cinco, otros, uno....Unos nacen en Europa, otros en Asía, África, América, Oceanía..... Con color de piel blanco, negro, amarillo, cobrizo....De familia rica, pobre, mediana.... Es decir, con distintas circunstancias; pero con un periodo de tiempo desconocido y en el que sólo disponemos para actuar el ahora. Lo demás está enlazado a nuestro yo por el recuerdo: Yo fui niño, joven, adulto, mayor....y me recuerdo como yo mismo en tales periodos y puedo percibir a los demás que ahora son niños, jóvenes....Y recuerdo a muchas personas que, en distintos periodos de su vida dejaron esta vida.
Quizás me estoy enrollando sin necesidad. Lo que quiero decir es que, si nadie ha elegido sus circunstancias de vida y todos llevamos el mismo destino en este mundo, todos tenemos la misma categoría como personas y estamos obrando injustamente cuando despreciamos a alguien por ser más guapo o más feo, por tener más o menos dinero ó por cualquier otra circunstancia. Somos personas colocadas por Dios en unas determinadas condiciones de vida y de las que deberemos darle cuenta de cómo las hemos administrado.
Por otra parte, si nuestra vida aquí es tan incierta en cuanto a duración y sólo nos va a aprovechar el bien que hagamos a nuestros semejantes, qué sentido tiene que seamos egoístas, ingratos, envidiosos, racistas.... máxime, cuando nos damos cuenta de nuestra misión en la vida es limitada en duración; que nuestras circunstancias nos han sido dadas gratuitamente y que somos únicamente administradores, no propietarios, que nuestra misión es AMAR y ayudar a cuantos nos necesiten y, sobre todo, que hemos tenido un principio de existencia, pero no un final y que ese principio condiciona nuestra situación eterna.