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13 de diciembre de 2015

EL QUERER Y EL PODER

Me refiero al dicho de:"Querer es poder".
Quiero desarrollar este tema, que me parece interesante y no sé  cómo ni por donde continuar.
Pretendo llegar a alguna conclusión práctica interesante y los argumentos que escribo, los cuales he borrado ya varias veces, me parecen de perogrullo, demasiado evidentes y sin interés especial.
No logro centrarme. A pesar de todo y, aunque tenga que seguir borrando, voy a intentar seguir adelante hasta conseguir centrar, de alguna manera, el tema.  Es decir, que quiero y no puedo; pero, lo intento. Luego, está en entredicho que el que quiere, puede. Eso hay que demostrarlo.
El querer es un acto de la voluntad. Es un deseo que nos empuja a la acción . Quiero algo y, porque lo quiero, pongo los medios a mi alcance para conseguirlo.
Tenemos, por tanto, un querer, una acción y un algo que queremos.
En el querer, no hay duda posible. Yo quiero y no dudo lo más mínimo de mi deseo. Es un algo real en mí, sin ninguna duda.
En el algo que queremos, tampoco hay duda; pues, es algo real, objetivo y concreto.
La acción que nosotros ponemos puede ser suficiente para conseguir lo querido o insuficiente. Si es insuficiente, por mucho que queramos, no podremos conseguirlo. Por tanto, el querer no es poder.
El razonamiento es correcto; pero, pocas cosas nos aclara. Nada, que no supiésemos.

Imaginemos, por un instante, que el querer es poder .
Veamos: querer igual a poder.Luego, nuestras posibilidades serían infinitas.
Cualquier cosa que quisiésemos, la tendríamos.
Esta argumentación nos lleva a conclusiones absurdas ya que somos limitados en nuestro potencial de acción. Por eso, nuestra responsabilidad también está limitada a nuestras posibilidades.

Tengo la sensación de que con este escrito ha quedado evidente que el querer no es poder: pues, yo quería escribir algo más interesante y tengo la impresión de que he fallado. No siempre se consigue lo que se quiere.  Lo siento.