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30 de junio de 2015

...Y EL SEÑOR NOS CREO A TI Y A MI...

Ni siquiera éramos y Dios nos creó y, a partir de ahí, somos tú y yo.
Somos obra de Dios y, por tanto, obra buena con una finalidad buena. Y nos ha puesto dentro de
una familia, en un lugar determinado y con unas circunstancias determinadas y con un mandato a cumplir:"Amaos los unos  a los otros".
Nuestra existencia es una gracia de Dios. Nosotros no hemos tenido ni merito ni participación.
Nuestras circunstancias son también  una gracia de Dios. El nos las da graciosamente para que, usando la libertad, que también nos ha dado graciosamente, consigamos la meta que nos ha puesto: Amar durante el tiempo que estemos en esta vida para seguir por siempre amando y participando del Amor de Dios.
Nuestras vidas son buenas e importantes porque son obra de Dios. La bondad, por tanto, de nuestra vida no depende de las circunstancias (rico, pobre, listo, tonto, sano, enfermo...), sino de que es obra de Dios y con la finalidad de participar de Dios en el Amor.
Sin embargo, "Dios que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti". Por eso nos ha dado la libertad para que sigamos la norma de vida que El nos ha dado. Cuando Dios creó a nuestros primeros padres, los puso en el Paraíso y les ofreció todo para su utilización, excepto el que comiesen la fruta de un solo
árbol. ¡Qué fácil lo puso!. A nosotros nos lo pone todavía más fácil: Amaros los unos a los otros. En eso conocerán que sois mis discípulos, en que os amáis mutuamente. Nuestra esencia es amor ya que Dios nos ha creado a su imagen y semejanza y nuestra finalidad es participar siempre del Amor de Dios. Luego, nuestra tendencia natural es igualmente el amor. La misma definición de hombre es
la de un ser sociable, capaz de mantener unas relaciones amistosas con los demás seres humanos para beneficio mutuo. ¿Qué puede haber más natural para nosotros que amar?....
Hemos sido creados para participar siempre de Dios. Desde el mismo momento de nuestra creación somos hijos de Dios y participantes de su Amor. Nuestro paraíso,  nuestro cielo comienza desde el principio de nuestra existencia: Dios nos ha creado por Amor y nos mantiene por Amor por toda la eternidad. Nuestra cubierta física es la que  limita nuestra visión de la Realidad y es una circunstancia
puesta por nuestro Creador para que sirva para nuestra perfección en el camino hacia El. Nuestro cuerpo, por tanto, es una circunstancia que limita nuestra posibilidad de ver y conocer: pero, es una circunstancia buena para nosotros si la usamos correctamente para nuestra misión: Amar.