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23 de julio de 2013

PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO....

Le dijo un discípulo a Jesús: Señor, enséñanos a orar. Y Jesús le respondió: Cuando oréis, decid:
"Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu
voluntad en la tierra como en el cielo...."
Por mandato de Jesús, debemos dirigirnos a Dios como Padre nuestro. Esta paternidad es ciertamente
totalmente distinta de la paternidad del Padre para Jesús ("Padre mío"). La relación del Padre y Jesús es un mismo Ser en dos Personas distintas, misterio que se supera  nuestra capacidad de conocer.
 Sin embargo, la paternidad que Jesús nos concede es una auténtica paternidad, en la que nosotros podemos ostentar con toda autoridad, ya que es el mismo Jesús quien nos manda orar así, nuestra relación de hijos de Dios. Dios es nuestro Creador, nuestro Conservador y... nuestro Padre. Un Padre que está en el cielo y nosotros estamos en la tierra. Aquí aparece claramente la existencia de dos mundos distintos : el terrenal y el celestial. Ambos son reales y mantienen relación uno con otro. Nosotros estamos ahora aquí, pero nuestra meta está en ese otro mundo donde está nuestro Padre. Nuestra meta está es estar con Dios, con quien tenemos una relación mucho más íntima que cualquier otro ser creado. Tenemos una relación de filiación. Somos hijos de Dios. Y ésto nos lo ha dicho Jesús que es Dios. Es decir, es nada menos que palabra de Dios.
Nuestro mayor y mejor título :  ser Hijos de Dios. Unos hijos de Dios que hemos comenzado nuestra existencia aquí en la tierra, donde tenemos que crecer y desarrollar nuestra personalidad para continuar viviendo junto a nuestro Padre en el cielo.
Nuestras circunstancias en la vida pueden ser muy variadas (riqueza, pobreza, salud, enfermedad...).
Estas circunstancias nos las da nuestro Padre y,  por tanto,  son buenas para nosotros, aunque muchas veces no logremos entenderlas así.  Una enfermedad, la escasez de recursos económicos ... pensamos que son circunstancias negativas para nosotros y, sin embargo, cuánto podemos aprovechar de eso. La salud, la riqueza ... las consideramos más fácilmente circunstancias positivas y, sin embargo, vemos que en sí tan solo son circunstancias pasajeras que tienen el valor que cada uno sepa aprovechar para sí mismo. Todo es bueno si lo encauzamos hacia nuestro desarrollo espiritual ya que nuestro Padre no puede darnos nada malo ni nada que nos perjudique. Sí tenemos un gran don: la libertad. Si queremos usarla no correctamente, somos nosotros quienes libremente hacemos que las circunstancias buenas, nos perjudiquen. Si queremos usarla correctamente, todo nos será provechoso y bueno.
Somos hijos de Dios.... Blancos, negros, cobrizos,...somos hijos del mismo Padre y todos tenemos la misma finalidad en esta vida: vivir eternamente con nuestro Padre. No nos entorpezcamos en esta misión y echémonos una mano unos a otros para alcanzar todos felizmente esa vida en familia con el Padre.